Psicología profunda. Clase 21.

Martes 25 de junio de 2019. Clase 21.

Capítulo 2 de Más allá del principio del placer. Este capítulo en principio hace la diferenciación entre miedo, terror y angustia. En el miedo hay un cierto saber sobre el objeto que desencadena el temor. En la fobia constitutiva ya sabemos qué nos da miedo. El sujeto ya sabe, los vive como una dimensión de peligro. El sujeto entonces evita generalmente. Eso le lleva a levantar parapetos fóbicos. Hacemos un recorrido tal que nos permite evitar por ejemplo el perro. Angustia: Freud plantea que hay una suerte de señal y el sujeto sabe que algo malo va a pasar, está expectante, está frente a una situación de peligro. En la angustia Freud dice que hay un margen de preparación para esa situación. Sería angustia señal en Freud. La angustia señal es un malestar, un peligro, una amenaza. Inhibición, síntoma y angustia. Freud da muchas vueltas sobre peligros se trata en este texto. ¿Angustia neurótica? ¿Por algo exterior? ¿Interiormente? Hay una dimensión del espacio y que Freud piensa en términos tridimensionales. Al mismo tiempo piensa en tiempos lógicos. El inconsciente no responde a la lógica espacio-tiempo que maneja la lógica conciente preconciente. Acá diferencia la pulsión del estímulo. Presión de la luz sobre los ojos pero es evitable. El estímulo es cancelable. La pulsión es interior, no escapamos. A Freud se le complica. La pulsión está en el borde de lo exterior con lo interior. Freud habla de lo interior y lo exterior pero también habla de la superficie y los bordes y de la realidad psíquica. Es un punto medio > ahí está el sujeto. Lacán a lo exterior lo llama “lo real”. Pero lo que percibe el sujeto “está hablado”. El sujeto tiene su versión. Al observar la realidad nosotros como sujetos no podemos ser totalmente objetivos. Nuestra observación nunca es pura. Entonces Freud termina diciendo que el peligro es la castración. Algo que tiene que ver con ello. Límites, pérdidas, decisiones, son términos que me remiten a la angustia de castración. Convivir con ella, asumir el riesgo. Soportar el no sabemos que puede ser un hecho positivo pero si uno no lo encara o prueba… En esa jugada, en la decisión, lo que pone en el banquillo es su narcisismo. Si se vive cuidando el sujeto solo se siente lastimado por cualquier cosita. El narcisismo busca preservar un yo íntegro ante la exposición y mirada de los otros. El narcisista debe evitar para preservar integridad. Tiene que sostener. En la relación del sujeto con los otros se observa esto: empezar y terminar una carrera, elegir trabajo, relaciones, ejercer la profesiones. El tema es no huir: atravesar. Está claro que hay ciertas dimensiones de angustia manejables y otras menos manejables. Pareja y padres > siempre son situaciones complejas. El sujeto por comodidad evita y deja pasar muchas veces. Y a veces no deja pasar más de la cuenta. Uno termina cuidando demasiado al otro. Y a veces uno cuida de más. A veces uno puede entrar en un circuito de dibujar con la palabra, es como evitar la castración. Evitamos “lo que no es malo” sino que remite a castración y se pone en el tapete cuando el sujeto es narciso y está más que susceptible. Busca vínculos con personas que le dicen lo que quiere escuchar. Y no hay bienestar genuino tal vez. En las relaciones con el otro está en juego todo esto. El vínculo con el otro originario tiene que ver con el narcisismo y el deseo. Todos para el psicoanálisis estamos atravesados por esto. Está en el núcleo del ser. Está atravesado por todo esto. Escuchar al otro en su singularidad a veces no es tan fácil. Cuando levanta el teléfono y llama el paciente hace un acto de coraje. Es como que dice “yo no puedo con esto”. Siempre las mujeres acceden a esto un poco más. “No sé qué hacer con esto”. “No puedo”. Nos hace escuchar la falta. Ya de alguna manera el sujeto advierte que hay algo de sí que no conoce. En el sujeto, cuando llama a un psicoanalista para hacer terapia, hay un presentarse telefónicamente o personalmente con el yo marchito. Hay algo que tiene que caer. Si no, es difícil dar el paso. Si velamos (tapamos) narcisísticamente no podemos hacer terapia. Hay pacientes que quieren salvar su yo desde algún lugar y por eso dicen “soy el paciente preferido”. Cuanto el sujeto más se imagina “tengo que llamar (al analista) menos lo va a hacer. Pasan los días y no llama. O llama y cuando escucha el hola del profesional corta. El sujeto, entonces, se va limitando socialmente. Por eso tiene que armarse de valor y asistir a terapia. Por eso muchas veces los pacientes vienen de algún modo indirectamente, por pedido de la pareja, de los hijos, de la familia, problemas en el trabajo. Hablar del propio malestar no es sencillo para nadie. Tiene un costo y solemos velar, tapar, cubrir, posponer y soñar con el momento adecuado. El sujeto se fortalece según opina el profesor Ruiz, atravesando las heridas de la castración. El sujeto asiste a la escuela. Resuelve obstáculos. No hace falta ser perfectos. El sujeto se expone. En la familia es donde se arma el sujeto pero también se configura allí el síntoma. Está lo bueno y lo malo. En la escuela muchas veces se presentifican. Hoy a los padres les falta asumir su lugar y la escuela tiene que intervenir con una función de corte. Cosas de la posmodernidad.

Los juzgados muchas veces cumplen función de corte. Especialmente cuando trabajan bien. A veces el juzgado ordena con quién debe vivir el niño. Hoy se habla del “centro de interés del niño” y preservar los vínculos sanos. En CABA surge la figura del “referente afectivo”. Ahora también está la figura del “abogado del niño”. El menor es jurídicamente incapaz sin embargo hay que ver que la constitución garantiza que todos los ciudadanos incluídos obviamente los niños sean escuchados. La convención del niño garantiza eso. Que no es sinónimo de que el niño diga la verdad. Ser escuchado y decir la verdad son conceptos distintos. Se habla de capacidades progresivas ahora en derecho. Se admitiría al niño como querellante. No todos los jueces escuchan a los niños y por ese motivo los cambios en el sistema judicial son importantes. Si el niño no es sujeto de derecho es objeto de derecho. Es un objeto. En algunos ámbitos ya se menciona que los jueces deben tener formación interdisciplinaria. La justicia también puede ser un corte instaurando un límite. Para internar a alguien tiene que obrar un oficio judicial si la persona no se quiere internar por su propia voluntad. Vivimos soñando un montón de tonterías y la realidad pasa por otro lado.

Factor sorpresa el terror > cuando no pudo prepararse. Bomba, terremoto. El sujeto no tiene la posibilidad de procesar. El sujeto no puede ligar psíquicamente toda la energía que se moviliza. El sujeto se siente aplastado. Capítulo 2 página 13. Neurosis traumática y sueño traumático. Comparten con el terror que fracasan con la ligadura de la energía. Sueño traumático: la angustia irrumpe y el sujeto se despierta. Atenta contra la función del sueño. El sueño de angustia no permite que se cumpla la finalidad del propio sueño. Se cortó la producción onírica. En estos ejemplos terror y sueños de angustia fracasa el principio de placer. El aparato psíquico no se puede regular. Termina siendo pura descarga. No regula conforme el principio de placer. Antes de ir a la página 14. Tendencias masoquistas del yo > pulsión de muerte y carácter repetitivo o compulsión a repetición. Las enigmáticas tendencias masoquistas del yo > hay satisfacción pulsional en el dolor > son las tendencias masoquistas del yo. El sujeto que viene bien en la terapia y repentinamente se aferra a la enfermedad. Para Freud hay un masoquismo original en todos. Hay componentes de masoquismo originario pero no toda la gente es igual. De todos modos la configuración masoquista es otra cosa. El tema del juego en Freud. Página 14. Descripción del fordá. Tiene dos partes. Cuando el niño lanza el carretel, que sostiene por el hilo, y dice se fue, es la primera parte. La segunda parte es tirar del hilo para atraer el carretel y hacerlo volver a él, y entonces decir acá está. Para un autor como Lacán, esto sirve para estudiar lo simbólico.  El significante arma universo simbólico con elementos contrarios. Presencia – Ausencia. Si este ingreso al universo simbólicamente no se da >> entonces hay psicosis. En el universo del psicótico no se puede simbolizar la ausencia. No se dialectizó la ausencia, que es justamente lo que da lugar al vacío y a la castración. Eso permite que el niño extrañe a la madre. El niño renuncia a la satisfacción pulsional y admitir la ausencia de la madre. Como el narcisismo no tolera ausencias acá hubo un avance. “Es imposible que la partida de la madre sea agradable” > lee el profesor. La partida se escenifica más que la escena de la aparición. Página 16 > En la realidad fue pasiva la parida pero en el juego es activa. Arrojar > el objetivo puede ser una venganza, te echo, pero lo sofoca. El vete a la guerra es una presencia, no solo una ausencia. Momento pasivo > los nenes aceptan que los padres se vayan. Lo aceptan pasivamente. Después agarran y tiran al piso un juguete. Son activos. Me saca una muela el dentista y voy y juego a sacarle la muela a un compañerito. La madre tiene que poder donar su ausencia porque la dialéctica permite que ausencia y presencia no se absoluticen. Dialéctica presencia – ausencia es sano. Página 16. “Puede el esfuerzo…” Si existe esta fuente de desprendimiento de displacer independiente. Como sea, la cuestión es que si en el juego el nene repite la partida de la madre más que la llegada de ella, es porque la repetición viene con otro placer, un placer de otra índole. El niño repite algo que no le da placer. Freud concluye que existe allí una tendencia al displacer. Hay placer en el displacer. Freud acá no es cuidadoso con los términos. Habla de ganancia de placer, de una satisfacción pulsional. La pulsión es conservadora, siempre apunta a recuperar la satisfacción originaria. Y no lo logra, y repite. El sujeto no renuncia al goce y a la satisfacción plena. Una satisfacción que niega la castración.

  • La madre nombrará un deseo y ordenará al bebé. Lo saca de lo puro pulsional.
  • Por eso, por el atravesamiento de la cultura se pierde la satisfacción total original. La cultura acota. 

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